Acércate a Ráspano Ecoturismo a través de un cuento: Gamusinos

A veces, una buena forma de acercarse a la realidad es la ficción, ya que nos hace reflexionar acerca de ella sin los prejuicios de lo concreto y las contradicciones de lo tangible. Por esta razón, quisimos compartir una visión original y diferente sobre qué somos nosotros, Ráspano Ecoturismo. Lo intentamos con un cuento propio que nos explicase un poquito como empresa en el encuentro empresarial “Impulsa tu negocio”.

Un momento durante el encuentro “Impulsa tu negocio”.

Este encuentro fue realizado recientemente en el albergue de Espinosa de los Monteros. Fue organizado por SODEBUR en colaboración con el Círculo Empresarial Negocios y Valores y con el CEDER Merindades. A todos ellos queremos agradecer su esfuerzo por impulsar iniciativas como ésta, que fomentan la comunicación y el contacto entre iniciativas. 

A continuación también nos gustaría compartir el cuento con vosotros: 

GAMUSINOS

Hoy no es un día como los demás, hoy es el último día de clases. Se acaba el curso 2074-2075.

– Por fin!- piensa Martín.

Martín es un chico de de 11 años muy curioso, al que siempre le ha gustado ir al colegio, pero es que este verano tiene un plan muy especial.  Martín solía pasar los veranos en casa de su tía diseñando robots o programando nuevos videojuegos con sus amigos, pero este verano, sus padres le van a llevar de viaje en el tiempo.

Es algo con lo que Martín llevaba años soñando. Sus padres habían hecho un gran esfuerzo para reunir el dinero. Van a ir al pueblo de su abuelo, y nada más y nada menos que de acampada, algo que Martín había oído en las vídeo llamadas de su abuelo cientos y cientos de veces y que tenía muchas ganas de probar.

Martín cargó una guía de 2017 en sus google glasses y metió en su mochila dos paquetes de patatas deshidratadas sabor a queso, sus favoritas. El viaje no fue largo, pero si bastante mareante. Al terminar, Martín se encontraba desorientado.

Lo primero que le llamó la atención fue el olor, intenso y refrescante, tan diferente al recalentado y espeso aire de su ciudad. Miró y remiró a su alrededor, todo era tan distinto. Disfrutó mucho desentrañando todos los secretos de ese nuevo mundo con ayuda de sus google glasses: las aves que volaban; las huellas que encontraba y los insectos que zumbaban, todo le llamaba la atención. Pero las gafas se apagaron y allí no había  como cargarlas.

Al principio, a Martín le costó un poco acostumbrarse y estuvo un par de días un poco taciturno, pero pronto aprendió a experimentar  con sus propios sentidos y nombrar a las cosas por lo que le sugerían. Y se divirtió mucho, allí le dejaban revolcarse por el suelo, trepar a los árboles, comer con las manos, la acampada era ¡todo un invento!

Pasaron días estupendos persiguiendo mariposas, zambullendose en el río, cogiendo lagartijas, rodando por los prados, comiendo cerezas. Y noches enteras escuchando al cárabo y buscando gamusinos. 

Y llego el día de volver a la escuela y reunirse de nuevo con  sus compañeros. Todos llegaron excitados, contándose entre gritos  que habían hecho durante las vacaciones. Pero poco a poco se fue  haciendo el silencio y todos los ojos escuchaban a Martín:

– Buah! Miguel, te hubiese encantado correr arriba y abajo de esas montañas con tu bicicleta!

– Ay Ana, si hubieses oído a los pájaros, te he traído una grabación, para que la incluyas en alguna de tus canciones ¡y qué colores!

– Julia! tengo una nueva idea para el diseño de nuestro proyecto, vas a alucinar cómo construyen las abejas.

Se encendió la pantalla del profesor y todo se apagó:

– Buenos días, bienvenidos chicos.

Todos miraron hacia ella y se sentaron.

Martín se quedó observando las miradas vacías de sus compañeros y le fue invadiendo la tristeza. Se dio cuenta de que Ana, Julia, Miguel, Iñaki, Violeta… posiblemente no pudiesen ir nunca de acampada, nunca conocerían el bosque.

En ese momento, supo que quería hacer de mayor. Tenía una nueva misión: debía conseguir que sus antepasados cuidasen los bosques. Tenían que conservarlos hasta su presente, tenía que ir con sus amigos a buscar gamusinos.

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